
Esto sucede sobre todo cuando sufren una caída con la rodilla flexionada sobre el pie. Además también se produce por accidentes automovilísticos. La explicación se encuentra en que la tibia en un primer momento se desplaza hacia delante, pero al desplazarse hacia atrás desgarra el tejido.
En caso de que no existan lesiones combinadas al momento de esta y el grado de inestabilidad en la articulación no sea completo, el paciente puede utilizar una férula, ya que juntando la capacidad autorreparadora que posee el cuerpo con respeto a este ligamento (el cruzado anterior no la tiene) con una correcta rehabilitación (sobre todo del fortalecimiento del cuádriceps), la recuperación puede ser suficiente.
Sin embargo, si la inestabilidad es completa y el paciente anhela volver a la actividad deportiva tendrá que pasar por quirófano, pero tendrá que tener en cuenta que el posoperatorio de esta cirugía es aún más duradero que el del ligamento anterior. La pieza angular de esta etapa será, como ya se ha mencionado, la potenciación del cuádriceps, pero sin descuidar otros músculos. La recuperación durará entre 6 y 9 meses y los objetivos principales serán:
- Fase 1 (0-1 mes)
- Mover el tobillo para mejorar la circulación
- Control del dolor e inflamación
- Fase 2 (1-3 meses)
- Recuperación del control neuromuscular
- Entrenamiento de toda la extremidad
- Retirar ortesis a las 8 semanas
- Usar la bicicleta estática
- Fase 3 (3-6 meses)
- Centrarse en mejorar la propiocepción de la pierna
- Seguir potenciando y recuperando la musculatura perdida.
- Fase 4 (>6 meses)
- Reintegro progresivo a la actividad deportiva, pasando por ejercicios que compromentan poco la estabilidad de la rodilla.
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